jueves, 21 de septiembre de 2017 | By: Abril

Lluvia


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Te quería. De verdad que sí. Te quería y creo que tú a mí también. Ahora que no estás, lo sé. Lástima que haya tenido que pasar tanto tiempo para darme cuenta que sí que me amabas, a tu manera, claro, no a la mía. Pero no podía verlo. Cuando no tienes datos imaginas lo peor. Y dramatizas. Dramatizas mucho. Muchísimo.
Yo creía que no querías estar conmigo. Que tu vida tenía una segunda vida paralela. Que no estabas porque no deseabas estar en mis momentos importantes. Y te odiaba. Te odiaba a ratos e intentaba visualizarte en otras situaciones alternativas a las que me contabas. Y actuaba como una mujer despechada. Inventaba venganzas que creía que te merecías y trataba de huir hacia delante. Nunca me funcionó. Después llegabas tú, salías de tu burbuja y teníamos un simulacro de cita. Me contabas tus cosas, yo te escuchaba y te odiaba, como odiaba la parte de la tarde que cada dos meses me dedicabas y que se escapaba entre mis demonios internos como la arena de un reloj de cristal.
Eras como mi lluvia. Te necesitaba para crecer pero también me provocabas un frio intenso que detestaba cuando te ibas. Todo lo que recuerdo de ti es frío, lluvia, soledad, ganas rotas y un largo silencio.
Al principio me mandabas un mensaje después de cada encuentro para medir la huella que habías dejado en mis pensamientos. Es como uno de esos reportajes del telediario donde ha ocurrido un acontecimiento inesperado que afecta a mucha gente y sale la reportera a medir el pulso de la calle entrevistando a testigos presenciales. Todo el mundo ha visto lo mismo pero tiene una percepción distinta de los hechos. Tú, al principio, hacías eso. Tal vez por autocomplacencia, tal vez por inseguridad, no sé, necesitabas oír que nuestro momento a solas había sido un éxito. Cuando te llegaba la confirmación de mi puño y letra, sonreías tranquilo y te despedías con un desconsiderado "hasta mañana cariño", que yo aceptaba sumisa. Luego continuaba tu otra vida y yo era la chica de ayer. La de los jueves por la tarde de un montón de otoños bisiestos.
Aprendí a quererte así y estoy segura de que lo conseguí. Pero ahora todo eso es lluvia. Los recuerdos han hecho charcos en mi memoria y una amnesia espesa lo anega todo. Tu perfume, tu luz, tu mirada, tu sonrisa, tus manos, tus labios... todo es extraño y lejano. Muy lejano.
Pero a veces, cuando llueve y empieza un nuevo otoño, como hoy, vuelven los charcos y te veo reflejado en ellos, porque sigues ahí, haciéndome daño en el intento de olvido improvisado que trato de perfeccionar.
Es por eso, que en los días de lluvia, acaricio los charcos...

(N.H.R.)

6 comentarios:

María dijo...

¿Cuánto dura este dolor?
¿De verdad hablas en pasado?
Yo lo sigo queriendo y aún está ahí, porque lo siento.

Anónimo dijo...

Maravillosa forma de expresar el dolor que deja el amor cuando se ha ido.

Danah dijo...

Sin palabras. Precioso.

Anne dijo...

Me hizo llorar

claudia dijo...

después de 6 años de novios fui yo quien le propuso matrimonio le dedique una canción que lo decía y el la ignoro me cambio el tema luego le dije lo que estaba haciendo y siguió ignorando el tema hoy le dije que yo ya era consiente de que el no quería formalizar la relación, agacho la mirada, le dije de que tenia una propuesta fuera del país y me dijo vete sin dudarlo,como duele saber que puse todo de mi para extrañar pensar y amar a alguien que no me quiere en su vida, mi único novio la única persona en quien confié, y quedo yo pensando en que cumpliré 30 y con mil dudas y preguntas...tal vez nadie se fije en mi de nuevo.

Nerea dijo...

Claudia, tengo una experiencia parecida a la tuya, por eso sé que volverás a enamorarte y volverán a enamorarse de ti, no lo dudes.
Si él te dejó marchar en lugar de hacer planes de futuro contigo es que no es el hombre de tu vida. No pierdas el tiempo lamentando lo que te pasó. No merece la pena.
Alguien aparecerá cuando menos lo esperes, te querrá tal y como eres y volverá la ilusion de nuevo.